sábado, 13 de julio de 2013

SER REVOLUCIONARIO EN CUBA, HOY




por Enrique Ubieta Gómez



¿Qué significa ser revolucionario? Los estudiosos del marxismo saben que en sus orígenes, la socialdemocracia se fracturó: los reformistas, cada vez más alejados de las concepciones de Marx, se quedaron con el nombre y los revolucionarios crearon el partido comunista. La polémica “reforma vs. revolución” tiene una larga historia. Ahí están los textos de Lenin, de Rosa Luxemburgo, entre otros. Pero la definición o la opción revolucionaria, y su existencia práctica, no son exclusivas de un partido o de una clase social, aunque sí de una época. Porque los burgueses fueron revolucionarios en su momento. Y el movimiento anticolonial en la era del imperialismo tuvo por lo general un carácter revolucionario. José Martí creó el Partido Revolucionario para lograr la independencia de Cuba, y dicen que hablaba de la revolución necesaria que habría de iniciar una vez alcanzado el poder.

 Por eso, me gusta hacer referencia a la tradición cubana del término. Cintio Vitier, por ejemplo, asumiendo los riesgos reductores de cualquier agrupamiento, establece dos tendencias “espirituales” en el último tercio del siglo XIX: la revolucionaria (independentismo, modernismo literario, antievolucionismo) y la reformista (autonomismo, preceptismo literario, evolucionismo positivista). Lo cierto es que Revolución es Creación, salto sobre el abismo, o sobre el muro de la aparente imposibilidad –“seamos realistas, hagamos lo imposible”, decían los estudiantes parisinos del 68–, mirada de cóndor, pero es sobre todo una toma de partido “con los pobres de la Tierra”. Si tomamos a José Martí como modelo de revolucionario, observaremos en él tres características que se repiten en Fidel Castro:

1. Opción ética antes que teórica: se adopta una teoría para luchar contra la explotación, y no a la inversa. Es vocación de justicia social. “En la mejilla ha de sentir todo hombre verdadero el golpe que reciba cualquier mejilla de hombre”, escribía Martí. “El revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor”, acotaba Ernesto Che Guevara. “Es precisamente el hombre, el semejante, la redención de sus semejantes, lo que constituye el objetivo de los revolucionarios”–ha dicho Fidel. El poeta revolucionario salvadoreño Roque Dalton se burlaba de las posiciones esnobistas de la pequeña burguesía en estos versos:

Los que
en el mejor de los casos
quieren hacer la revolución
para la Historia para la lógica
para la ciencia y la naturaleza
para los libros del próximo año o el futuro
para ganar la discusión e incluso
para salir por fin en los diarios
y no simplemente
para eliminar el hambre
para eliminar la explotación de los explotados.

Hay revolucionarios que desconocen la teoría marxista. Y hay académicos marxistas muy conocedores de cada texto, de cada frase de Marx, que jamás han salido a la calle, que son incapaces de sentir, de vibrar, con el dolor o el júbilo ajenos, que no militan; esos académicos “marxistas” no son revolucionarios. Tampoco son continuadores de Marx. Uno de los resortes formadores y auspiciadores de una Revolución, es la solidaridad.

2. Radicalidad en la comprensión y en los actos; el revolucionario busca la raíz del problema, aún cuando no pueda extirparla de inmediato, aún cuando se equivoque al señalarla, y pasa rápidamente a la acción. A diferencia del reformista, no pretende mitigar el dolor o enmascararlo, sino eliminar la enfermedad.

3. El revolucionario es una persona de fe. No en el sentido religioso. Ninguna declaración mejor que la que hace Martí (otra vez Martí) a su hijo, en la dedicatoria del Ismaelillo: tengo, le dice, “fe en el mejoramiento humano, en la vida futura, en la utilidad de la virtud, y en ti”. Fe en el pueblo, en sus capacidades. El revolucionario entiende los límites de lo posible, y los trasgrede. En esto también se diferencia el reformista, que por razones de clase desconfía o subestima al pueblo. Creer, no es extirpar la duda; los revolucionarios vivimos la angustia de la duda, que es la del conocimiento. Sin embargo, el cínico es contrarrevolucionario, aunque no lo sepa.

Algunos ideólogos de la contrarrevolución reducen la actitud revolucionaria al acto violento, al uso de las armas. Como si las revoluciones armadas no ocurrieran en respuesta a la violencia del poder burgués. Ser un radical –ir a las raíces–, no es optar por la violencia. En su afán por desideologizar hasta el mismísimo concepto de revolución, pretenden hacer pasar como acciones revolucionarias las revueltas violentas de los politiqueros de la seudo república, que querían hacer valer el poder personal. Ni siquiera los antimachadistas o antibatistianos eran necesariamente revolucionarios. Y contraponen el socialismo revolucionario al que llaman “democrático” (socialdemócrata), porque aquel no respeta el orden burgués. El socialismo no solo puede, sino que debe ser democrático, aunque no en el sentido que el sistema capitalista otorga al término. Debe y puede ser más participativo, más inclusivo, más solidario, más representativo. Debe y puede defender la individualidad, no el individualismo, porque es el único camino capaz de transformar a las masas en colectivos de individuos.

Ciertas cualidades o virtudes éticas constituyen el fundamento o la base sobre la que se erige un revolucionario. Pero es una ética esencialmente política, social, no privada, que no puede vaciarse o desligarse de las contradicciones fundamentales de cada época. No se es revolucionario con respecto a los intereses personales, sino de cara a la sociedad. Hay personas conservadoras –por razones biográficas, y quién sabe si hasta por razones genéticas–, que repelen los cambios bruscos, la incertidumbre de lo nuevo, que disfrutan el orden y la rutina. No son contrarrevolucionarias. En sus Palabras a los intelectuales (1961), Fidel Castro decía:

“Nadie ha supuesto nunca que (…) todo hombre honesto, por el hecho de ser honesto, tenga que ser revolucionario. Ser revolucionario es también una actitud ante la vida, ser revolucionario es también una actitud ante la realidad existente (…)”.

Y agregaba más adelante:  “Es posible que los hombres y las mujeres que tengan una actitud realmente revolucionaria ante la realidad no constituyan el sector mayoritario de la población; los revolucionarios son la vanguardia del pueblo, pero los revolucionarios deben aspirar a que marche junto a ellos todo el pueblo (…) la Revolución nunca debe renunciar a contar con la mayoría del pueblo; a contar, no sólo con los revolucionarios, sino con todos los ciudadanos honestos que aunque no sean revolucionarios, es decir, que aunque no tengan una actitud revolucionaria ante la vida, estén con ella. La Revolución sólo debe renunciar a aquellos que sean incorregiblemente reaccionarios, que sean incorregiblemente contrarrevolucionarios”.

Allí donde una Revolución ha triunfado, el adjetivo –que en el globalizado mundo del oficialismo burgués suele endilgarse como insulto–, se convierte en elogio. Una persona es trabajadora, “buena gente” y revolucionaria. La cotidianidad puede descontextualizar el sustrato rebelde y el significado político del término y reducir la condición del revolucionario a la honradez o a la decencia. A veces, puesto que la Revolución ha tomado el poder, se identifica con el buen comportamiento o la corrección. Decimos: “en el fondo él (ella) es revolucionario(a)”, como si dijéramos que, más allá de sus apariencias, “es una persona noble”. Y creemos que el niño o el joven “más revolucionario”, es el que “se porta bien”.

De cierta forma, el calificativo se aburguesa. Esto parece casi inevitable, pero no lo es: una Revolución en el poder necesita establecer su “normalidad”, su gobernabilidad. Defenderse como poder político es la premisa de cualquier poder político, mucho más cuando se trata de un contrapoder acorralado por el Poder Global –que no solo acecha en el plano físico (material, militar), sino también en el espiritual, en el ámbito de la reproducción de valores–, y su normalidad es una “anormalidad” fuera de sus fronteras geográficas.

Ser revolucionario es participar en la consolidación del gobierno revolucionario, establecer un frente común con ese gobierno, para defender cada conquista y establecer las nuevas metas, aún cuando los grados de participación en la determinación de esas metas son aún insuficientes o se ejercen de manera formal.

 La democracia socialista, esencialmente superior, tiene todavía un largo camino por recorrer. Ser revolucionario también es participar desde la crítica comprometida. Criticar no es enunciar un hecho cierto, es actuar sobre él, empujarlo hacia su solución. Lo que otorga veracidad y justeza a una crítica no es el hecho enunciado, es su sentido. Si se desideologiza la crítica, se deshuesa, y se falsean sus enunciados.

De manera imperceptible, ocurre un lento proceso de separación o destilación del contenido “rebelde” que toda actitud revolucionaria presupone. Esto no es bueno. Vienen entonces los que enarbolan la rebeldía y la contraponen al ser revolucionario –vieja aspiración de la subversión imperialista: promover la rebeldía antirrevolucionaria, lo que significa decir, que los rebeldes sean antirebeldes, que aspiren a ser “normales”, inconformes frente a la rebeldía y conformes frente a la enajenación global–, o en sus antípodas, aquellos que consideran que el ser rebelde es el verdadero ser revolucionario.

Estos últimos pueden perder el sentido de orientación, porque la rebeldía a secas, habitualmente manipulada por el mercado capitalista, tiene una larga historia de convivencia y a veces de connivencia con el capitalismo. La rebeldía juvenil no es ni puede ser enemiga del espíritu revolucionario; ser revolucionario es la forma superior de ser rebelde. Sin la inconformidad que propicia la rebeldía y sin su disposición para romper moldes, normas, esquemas, es difícil ser revolucionario. Las universidades cubanas no pueden ser “de o para los revolucionarios”, son centros formadores; deben ser, eso sí, formadoras de revolucionarios. De sus aulas salieron Mella y Fidel. El capitalismo (la cultura del tener) intenta domar la rebeldía incentivando sus formas primarias: el desacato, la irreverencia; intenta aislar al rebelde, concentrarlo en sí mismo, explotar al máximo su expresión individualista, transformarlo en un cínico. El socialismo (la cultura del ser), pretende encauzar esa rebeldía hacia la acción transformadora, ponerle mayúsculas, hacerla partícipe de las causas más justas de su época.

Vivo en el barrio centrohabanero de Colón, y muchas personas en mi entorno deben enfrentar enemigos más concretos e inmediatos que el imperialismo norteamericano, al menos eso parece, cuando la corrupción, la burocracia, la doble moral, la insensibilidad, el “sálvese quien pueda” se imponen. Creo, como ellos, que ese es el enemigo principal. Pero no podemos confundir su nombre: se trata del capitalismo, de su capacidad para regenerarse dentro del socialismo, que no es más que un camino (no un lugar de llegada) hacia otro lugar, hacia otra esperanza o certeza de vida mejor.

Si desvinculamos ese nombre de aquellas manifestaciones, o las enlazamos erróneamente al camino que hemos emprendido, perdemos el rumbo. No podemos ser revolucionarios hoy, en este mundo globalizado, si no somos anticapitalistas, si no somos antiimperialistas. Si no sentimos como propios las conquistas, los peligros, las humillaciones, de otros pueblos. Si no defendemos la unidad de los revolucionarios cubanos y la de los pueblos latinoamericanos frente al imperialismo. No podemos ser revolucionarios si creemos que el mundo tiene el largo y el ancho de una calle, o de un barrio, o de un país. Si aceptamos los consensos que otros construyen, y no construimos los nuestros. Si vaciamos cada palabra de los contenidos de combate, porque de inmediato serán llenadas de otros contenidos, por aquellos que nos combaten.

Martí, Mella, Guiteras, el Che, Fidel, se parecen demasiado, para que nos inventemos ese asunto de las generaciones. No han dejado de ser jóvenes. Cambian las tareas, las coordenadas, pero no las actitudes, los principios, el horizonte al que siempre nos acercamos sin llegar. Por otra parte, nadie se hace revolucionario de una vez y para siempre. Hay que nacer como revolucionario cada mañana, cada día.

Los papeles no están predestinados ni son inmutables: el héroe de 1868 pudo convertirse en traidor veinte años después; el indeciso de entonces, quizás empuñó las armas con dignidad en 1895; el guerrero valiente de la manigua pudo dejarse seducir por la corruptora política neocolonial; el enérgico antimachadista, desilusionarse de sus ideales de juventud o convertirse en un profesional de la violencia; el revolucionario de la Sierra o del Llano, acomodarse o enredarse en las redes del burocratismo; el escéptico de aquellos días, transformarse en un miliciano fervoroso, en un héroe cotidiano e invisible; el dirigente juvenil, acodado en el balcón de la buena conducta y los aplausos, convertirse en un repetidor de consignas vacías y el profesional rebelde, crecer como tal hasta hacerse revolucionario.

Entre unos y otros, disfrazados, están los oportunistas, los “pragmáticos”, los cínicos de siempre. A todos los cerca la historia y, de sus actos múltiples, solo perdura el instante de eticidad fundadora que sostiene a la Patria: “ese sol del mundo moral” que ilumina y define a los seres humanos, según la frase que Cintio rescatara de José de la Luz y Caballero. Una Patria que es Humanidad, que no está en la “hierba que pisan nuestras plantas”, o en unas costumbres siempre en evolución, sino en un proyecto colectivo de justicia. Una Patria que aspira a fundirse con la Humanidad, y que mientras, defiende su espacio para fundar, para crear, para proteger la dignidad plena de sus hombres y mujeres.

Revolucionarios o no, a quiénes, y hasta dónde y cuál revolución, fueron algunos de los criterios de Acanda, quien consideró como esencial punto de partida “la condición humana” para la adjudicación de este calificativo.

Con una sociedad altamente envejecida, sin el protagonismo necesario de los jóvenes en la construcción del sistema social cubano, y con influyentes diferencias generacionales en la interpretación de la realidad, Cuba se enfrenta hoy a una renovación, si no forzosa, al menos sí inminente de los cargos y líderes públicos, lo que impone la urgencia de cavilados puntos de entendimiento y confluencias de “los revolucionarios cubanos”. Esta fue una de las ideas amasadas por los asistentes al debate, quienes analizaron las influencias del término en la historia de la Revolución Cubana.

Harold Cárdenas, desde su posición de bloguero, y luego del “bloqueo” al que fue sometido el blog La Joven Cuba, opinaba que “Ya estamos cansados de los estereotipos, lo que fue revolucionario en otros tiempos puede que ya no lo sea, es más, no lo puede ser por una razón cronológica básica.” Y apuntaba más tarde que “habría que estudiar hasta qué punto la juventud cubana es revolucionaria o hasta qué punto la realidad en la que se ha formado le ha permitido serlo.”

Más allá de las interpretaciones, o de “cuán revolucionario” se puede ser, Cuba se enfrenta hoy a la conceptualización y definición en resultados reales de su proyecto de país, lo que Acanda hizo notar en la opción de la Revolución Cubana por el socialismo, que no puede ser otra cosa que “socialización del poder y de la propiedad”, aspectos en los que hoy la nación vive interesantes transformaciones.

“No es posible analizar con nuevos códigos viejos tiempos ni actitudes, sin embargo, es también imposible aplicar viejas concepciones a nuevas realidades, y esto último está ocurriendo demasiado en nuestra realidad”, opinó Harold Cárdenas, quien concordó con Israel Rojas en que la realidad cercana es la principal modificadora de las concepciones de los cubanos, más allá de cualquier lección anticapitalista y antiimperialista, por muy correctas que sean.

Con el salón abarrotado, gente de pie, manos alzadas que no pudieron intervenir por la urgencia del tiempo, “Dialogar, dialogar” abre otra brecha para la interpretación de la realidad cubana y, quizás más temprano que tarde, sirva de canal para una creciente participación ciudadana en los cambios y derroteros que se construyen hoy en Cuba.


http://lapupilainsomne.wordpress.com/

jueves, 4 de julio de 2013

El secuestro de Evo y el servilismo ante Washington

El avión presidencia de Bolivia aterrizó de emergencia en Austria, tras no permitirlesobrevuelo o aterrizaje en Francia, España, Italia y Portugal.

Angel Guerra Cabrera.

El avión de la presidencia de Bolivia aterrizó de emergencia en Austria, tras no permitirles sobrevuelo o aterrizaje en Francia, España, Italia y Portugal.

En una grave actitud delictiva, las autoridades de varios países europeos impidieron la libre circulación en su espacio aéreo del presidente de Bolivia Evo Morales, lo que equivale a un secuestro. El avión del presidente, en peligro de agotar el combustible en vuelo, se vio forzado a un aterrizaje de emergencia en Viena, donde Evo debió permanecer 14 horas como un virtual rehén de la pax americana que se pretende imponer en todo el planeta desde el 11-S. Aunque Barak Obama ha superado a su antecesor en la construcción de un estado policial y militarizado a escala mundial.
Un avión presidencial se considera territorio soberano del país según el derecho internacional consuetudinario. Por eso la prohibición de Francia, Portugal e Italia de volar sobre su territorio o de aterrizar al avión donde viajaba el presidente boliviano es un hecho doblemente criminal, discriminatorio y violador del derecho internacional.

Estos gobiernos intentaron escudar al principio su conducta delictiva tras burdas mentiras a las autoridades bolivianas y a los medios, pero el mundo entero sabe que detrás está la imbecilidad de creer que el avión del presidente podía llevar a bordo al exmiembro de los servicios de espionaje yanquis Edward Snowden y el pánico a la posible reacción de Estados Unidos. Hecho confirmado cuando Françoise Hollande afirmó que Francia autorizó el vuelo después de cerciorarse de que el exespía no iba en el avión.

Cual diligente sargento de la Guardia Civil en busca del temible Snowden, el embajador del Estado español en Viena tuvo la osadía, firmemente rechazada por Evo, de intentar subir al avión antes de que por fin Madrid confirmara el permiso de aterrizaje. No es ocioso recordar que estos países fueron cómplices de los ilegales vuelos de la CIA a conciencia de que sus secuestrados pasajeros serían objeto de torturas. Actúan igual que el ladrón, que juzga a todos según su condición.

El gobierno de Obama ha montado una histérica y patética persecución internacional de Snowden, quien horrorizado por la gran escala y extensión del programa de espionaje masivo PRISM sobre sus compatriotas y la grosera violación que constituye de la Constitución estadunidense, decidió, con riego grave para su vida, darlas a conocer al mundo. Snowden también ha denunciado y documentado extensas y sistemáticas acciones de espionaje estadunidense sobre China, Rusia, los países del G20, México y la Unión Europea, supuesta aliada de Washington. Son incalificables los intentos de Obama, Kerry y otros funcionarios yanquis de restar importancia a esta monstruosidad como si fuera lo más normal del mundo al igual que su banalización por la mafia mediática, es decir, CNN, Fox, Televisa, sus pares y los diarios de la Sociedad Interamericana de Prensa.

El secuestro del presidente boliviano por parte de gobiernos que tanto presumen de respetar los derechos humanos y el Estado de derecho demuestra que, con tal de complacer a Washington, son capaces no sólo de violar la ley sino de poner en riesgo mortal a un mandatario latinoamericano y sus acompañantes. Este pudo haber sido el desenlace de no ser por la autorización de Austria del aterrizaje de emergencia en Viena.

Lloviendo sobre mojado, otra vez se pone de relieve la visión colonialista y racista respecto a los pueblos de América Latina y el Caribe –y en general de las excolonias- que continúa predominando en las elites y los gobiernos de Europa. Su visión del mundo es cada vez más mediocre, reaccionaria y supeditada a los dictados de Estados Unidos, del cual se han convertido en colonias de facto. Al parecer el papel de socios de menor categoría de la Roma actual en el que los ha colocado el masivo espionaje a que los someten sus “amigos” estadunidenses los ha hecho más obsecuentes en su vasallaje. Al menos mientras no demuestren lo contrario.

En contraste, la reacción de indignación de los ciudadanos de muchos países europeos ante la bochornosa acción de sus gobiernos, fue lo que logró que a la postre el avión presidencial boliviano recibiera la autorización para volar. Al punto de que varios gobiernos se vieron forzados a dar explicaciones cantinflescas y hasta a negar que hubieran impedido el vuelo de la nave.

Pero la más dura reacción fue en América Latina, donde el aluvión de protestas no se hizo esperar en las llamadas redes sociales así como la inmediata y dura condena de los gobiernos de Argentina Ecuador, Venezuela, Nicaragua y Cuba. Reunión de Unasur en puertas.

Twitter: @aguerraguerra





domingo, 30 de junio de 2013

Fidel en carta a Daniel Ortega:”El talento brilla también entre los líderes que se reunieron en Managua”


Foto de Archivo


Querido Daniel:

Con mucha satisfacción acabo de escuchar tus excelentes intervenciones en la VIII Cumbre de Petrocaribe. Fue muy justo que la sede de esa reunión hubiese correspondido a Nicaragua, un país que fue capaz de superar el artero golpe del imperio bajo el gobierno de uno de los farsantes más incultos y cínicos, seleccionado por la oligarquía de Estados Unidos.

Con dinero de las drogas y de las armas, extrajo de las prisiones de Venezuela al principal terrorista del grupo formado por la CIA para destruir en pleno vuelo el avión cubano de línea donde viajaban 73 personas a bordo, entre ellas, los jóvenes cubanos que acababan de ganar el Campeonato Centroamericano de esgrima.

En numerosos pueblos de Nuestra América, como Argentina, Chile, Bolivia, Ecuador, Venezuela, Panamá, México y otros, dejaron sus huellas sangrientas los asesinos a sueldo de Estados Unidos.
Sería interminable incluir en este mensaje la multitud de crímenes y saqueos que en el resto del mundo llevaron a cabo los gobiernos y las fuerzas represivas del imperio y sus bastardos cómplices.
A ti Daniel, y a Rosario, deseo felicitarlos por la formidable reunión de hoy.

No puedo dejar de mencionar, un día como este, la voz sincera, valiente y clara de Nicolás Maduro, un hombre de pura estirpe obrera, modesto, honrado y pobre, que nunca aspiró a cargo alguno y hoy se entrega a cumplir el deber que puso en sus manos el inolvidable Hugo Chávez, líder de la Revolución Bolivariana, cuando el azar de la vida le impidió seguir dedicando cada minuto, cada segundo, a lo que hoy constituye el más noble sueño de la humanidad.

Maduro ha demostrado el talento, integridad y energía que el gran líder supuso en él.
El talento brilla también entre los líderes que se reunieron en Managua. Estoy seguro de que ellos junto a la Patria de Bolívar y asociados a ella, luchan por el derecho de sus pueblos a la salud, la educación, el desarrollo y el bienestar material y moral.

No puedo concluir estas palabras sin expresar mis simpatías por Rafael Correa, Presidente de Ecuador, que en estos precisos instantes, cuando el imperio amenaza con guerras y el posible empleo de armas sofisticadas a la República Popular China y a la Federación Rusa, dos poderosas naciones que nunca fueron potencias coloniales y hoy son víctimas de actitudes amenazantes de Estados Unidos, rechazó enérgicamente las amenazas del Presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, si se le concedía el asilo político solicitado a Ecuador por Edward Snowden.

Un comunicado de la Presidencia de la República expresa: “Ecuador no acepta presiones ni amenazas de nadie, y no comercia con los principios ni los somete a intereses mercantiles por importantes que estos sean”.

Felicidades a todos, Daniel. Para ti y Rosario un fuerte abrazo.

¡Hasta la victoria siempre! Como decía nuestro Comandante Hugo Chávez.



Fidel Castro Ruz
Junio 29 de 2013
11 y 21 p.m.

sábado, 11 de mayo de 2013

SALUD A LOS CINCO HEROES

Foto: Ladyrene Pérez/Cubadebate.
Foto: Ladyrene Pérez/Cubadebate.

Un nuevo abanderado

Pudo valerse de los mismos pretextos de quienes muy pronto decidieron declararse culpables y cooperar con las autoridades. Tras largos años de separación, tenia ya de este lado a Olga e Irmita, y había podido disfrutar por apenas cuatro meses a la recién nacida Ivette. ¿Qué hacer?  ¿Aferrarse a los principios, dejarlas solas a las tres en un país extraño y enfrentar nuevamente anos de separación? ¿O ‘negociar’ y darles lo que pidieran a cambio del perdón y de una nueva vida? En su mente nunca hubo la menor duda, ni en su conducta una mínima vacilación.

Los fiscales sabían que muy poco tenían contra él, y trataron de sacarlo del camino con ofertas. Les dolió que él les cantara ‘El Necio’, y se ensañaron. Nadie lo vio llorar cuando separaron a Olga de las niñas y la tiraron en una celda. Lo habrá hecho en silencio, como lo hicimos todos de indignación y de dolor cuando nos golpeó la noticia, pero en él nunca notamos el más mínimo quebranto. Cumplió con dignidad cada día de su condena, y salió con la frente tan en alto como cuando había entrado, pero aun tendría que sufrir en soledad la pérdida de su hermano y de su padre.

Hoy supimos que René está en Cuba, para quedarse. Hoy cada uno de los Cinco es algo más libre. Parte de nosotros pasea por las calles de esa Isla, y podemos casi respirar su aire, quemarnos con su sol.

Alguien me ha preguntado cómo diremos ahora que no somos cinco, sino cuatro. ¡Error! ¡Somos cinco y seguiremos siendo cinco! Si hoy tenemos que continuar la lucha no es solo por los otros cuatro, es también por René, porque lo conocemos y sabemos que él no será realmente libre hasta que estemos todos de regreso en la Patria. La diferencia es que esta batalla, que será hasta el final por los Cinco, cuenta desde hoy con un nuevo abanderado.

¡Felicidades René! ¡Tus cuatro hermanos celebramos contigo, orgullosos!
HLVS!

Gerardo Hernández Nordelo
Prisión Federal de Victorville. California.
Mayo 3, 2013.

lunes, 6 de mayo de 2013

UNO DE LOS CINCO HEROES REGRESA A CASA

René González

René González podrá permanecer en Cuba


René González
 
La jueza de La Florida Joan Lenard aceptó este 3 de mayo, la solicitud presentada por René González para modificar las condiciones de su libertad supervisada y permanecer en Cuba, a cambio de la renuncia a su ciudadanía estadounidense.
El Héroe de la República de Cuba René González deberá presentarse en la Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana para comenzar este trámite, el cual concluirá cuando le sea emitido un Certificado de Pérdida de la Ciudadanía por el Departamento de Estado.
El día anterior, el Gobierno de los Estados Unidos había comunicado a la Corte que no se opone a dicha solicitud.
En las conclusiones del documento oficial la jueza Lenard establece en uno de sus puntos que “si el acusado, voluntariamente renuncia a la ciudadanía estadounidense conforme a la 8 USC/1481 (a) (5), mientras está autorizado a permanecer en Cuba por el Tribunal y si se emite un Certificado de pérdida de nacionalidad por el Departamento de Estado de EE.UU, entonces el acusado pasara el resto de su periodo de libertad supervizada en Cuba, sobre la base de no presentar informes periódicamente, y no regresará a EE.UU”.
Asimismo la jueza Lenard puntualiza: “El 23 de mayo de 2013 el acusado presentará a la Corte o al tribunal un informe de su estado de renuncia y una copia certificada, de cualquier certificado emitido de pérdida de nacionalidad”.
René González fue excarcelado en octubre de 2011 después de cumplir íntegramente su condena y haber estado injustamente encarcelado durante 13 años y privado de la visita de su esposa durante todo ese tiempo. Hasta hoy el Héroe cubano cumplía una pena de tres años de libertad supervisada en territorio norteamericano.
Hace poco llegó a Cuba en lo que debía ser una visita temporal y privada para asistir al funeral de su padre. René es además ciudadano cubano y su esposa e hijas y nieto viven en Cuba.