El company Cristian Cepeda, fa una reflexió sobre el correcte enfocament, la visió efectiva que ha de tenir a Europa la solidaritat amb els processos de transformacions estructurals socioeconòmics que es produeixen als països de la ALBA. Cristian situa el context per desprès fer una proposta desacomplexada fora de tòpics i litúrgies de poca incidència que s'han fet fins ara. Diu el company ... Leer también en Kaosenlared.Datos de contexto
El actual momento de las luchas políticas y sociales en Latinoamérica está en un período álgido. Pasado el periodo de gobernabilidad relativa del cual disfrutaron las sistemas políticos de la mayoría de los países, la instalación del modelo neoliberal empezó ya a mediados de los 90, a desencadenar procesos de lucha social y política que sobrepasaron los estrechos márgenes en donde hasta ese momento se había desarrollado la acción de denuncia sobre los males del sistema económico y político. A la cabeza de este proceso podemos visualizar a Chavez en Venezuela o a Evo en Bolivia. Pero, en general, es casi todo el continente el que se ha visto sacudido por nuevas fuerzas que surgen reivindicaciones sectoriales que de forma mas o menos rápida se articulan con demandas por transformaciones estructurales del sistema.
El actual momento fue antecedido por un cúmulo incesante de luchas sociales desarrolladas desde distintos frentes, a partir de mediados de los 90, lo que permitió que, de forma sorprendente, se pasara de la disputa por la representación en gobiernos locales a disputas abiertas por el control de todo el aparato del Estado. La lucha social se enganchó con la lucha electoral promoviendo el acceso al gobierno de actores políticos nuevos. Los liderazgos populares se instalan como una forma legítima de conducción en la ausencia de otras formas organizativas lo suficientemente maduras para asumir la dirección de los mismos.
Lo que vivimos, entonces, es el inicio de un ciclo histórico que se construye con variables que aún están por presentarse con toda claridad. La profunda crisis de la izquierda latinoamericana, que no sólo es una crisis reflejada en la falta de incidencia en los procesos, sinó también una crisis de falta de debate, condiciona en gran medida los tiempos y las formas en que estas claridades van apareciendo. Pero, el empuje de los pueblos de América parece avanzar a pesar de las falencias que aparecen, cada vez, más como evidencia de la espontaneidad del proceso. Este empuje de los sectores populares, que ven en la movilización la forma de expresión política más efectiva, condiciona el marco de los procesos políticos del continente. Y si lo vinculamos con la ausencia de definiciones estratégicas en términos políticos y teóricos generales, lo que se puede vislumbrar para este período, es un contexto de creciente inestabilidad debido a factores propios del proceso.
En este contexto, además, no podemos olvidar el rol que juegan tanto las burguesías locales como el rol activo del gobierno de los EEUU Empeñados en construir nuevos términos de alianza, estos actores pasan de la perplejidad inicial a la acción coordinada de desestabilización en todos los niveles (social, económico, político y militar). Actúan con la urgencia de saber que el tiempo no juega a su favor. Sobre todo, luego de que los últimos procesos electorales, hayan demostrado porfiadamente la voluntad popular de dar continuidad a los actuales procesos de transformación. Para ellos se trata de golpear fuerte y de manera “preventiva” en aquellos países en donde los procesos sociales aún no han sido capaces de desbordar (Perú, Chile) , de golpear fuerte y de forma constante en aquellos países en donde los procesos se mantienen con fuerza pero aun pueden ser contenidos (Brasil, México, Colombia). Y en el caso de los países en los que ya parte del estado ha sido ocupado por el empuje de los sectores populares, la actitud es cada vez más abiertamente el incentivar la desestabilización social.
El cuadro general entonces nos muestra un proceso en Latinoamérica que avanza en un contexto de creciente inestabilidad, debido tanto a factores propios del proceso, como a incidencias externas que articularán respuesta cada vez más fuertes para defender sus condiciones de supervivencia política (incluso más que económicas en primera instancia). Desde esta perspectiva de análisis, el cuadro político de Latinoamérica continuará entonces estando sometido a crecientes situaciones de “emergencia”, ya sea por embestidas contra los procesos populares actuales o por cargas contra los movimientos reivindicativos de todo tipo que promuevan de una u otra forma el desborde social y político.
Solidaridad política
Tomando en cuenta lo anteriormente planteado, cabe entonces plantearse, para quienes queremos trabajar hacia Latinoamérica dos cosas:
1. No es posible entender la solidaridad con Latinoamerica como se entendía hace 10 o 20 años. El cuadro político cambio, cambiaron los actores y cambio la correlación de fuerzas. La solidaridad actual no puede parecerse entonces a la de los años 70 o 80, años marcados por la presencia de la izquierda orgánica y las discusiones partidistas. Tampoco sirve la solidaridad difusa de apoyo a sectores sociales o políticos inmersos en sus luchas particulares, sobretodo desarrollada a partir de los 90. Actividad enmarcada en tiempos de crisis del discurso del socialismo y bajo el aparente triunfo de el modelo de libertad impuesto por EE.UU.
El actual momento implica, para quienes trabajamos en la línea de una solidaridad política, sintonizarse con los actuales procesos que se dan en Latinoamerica, tomando en cuenta las especificidades e indefiniciones propias de cada proceso. No es posible hacer hoy una lectura común que incorpore, bajo una sola mirada, cada uno de los procesos que se da en el continente. Además, es necesario tomar en cuenta que una lectura política hecha desde “europa”, es una lectura que tiene que asumir una distancia no solo física, sino también histórica con los actuales procesos, lo que implica partir reconociendo que existen muchos elementos que no manejamos.
2. Lo que necesitamos entonces es construir formas de apoyo político que sirvan de forma efectiva a los procesos que se impulsan desde allá. Y este ejercicio requiere asimilar que las condiciones y dinámicas de este proceso están fuera de nuestra realidad más inmediata. Esta distancia , es más profunda aún cuando estos procesos se encuentra en un momento de definición de si mismos que puede ser más o menos prolongada. Para ello debemos asumir de que es una solidaridad que se ejerce desde Europa no es una solidaridad desde un proceso político con capacidad de incidencia social real en nuestros propios territorios. Desde los ámbitos de solidaridad estamos inmersos en procesos políticos muy distantes de lo que pasa en Latinoamerica y nuestro ejercicio a nivel local, seguirá siendo más bien de tipo testimonial.
La enorme influencia de los medios de comunicación continuará trabajando su línea de deslegitimación de los procesos. Y nuestro esfuerzo seguirá destinado a informar, a ciertos sectores de forma acotada. Sin embargo, no podemos perder de vista la importancia del trabajo de solidaridad política, ya que su influencia sigue siendo importante en:
-demostrar, hacia la opinión pública de los países inmersos en el proceso, que “no toda Europa” está en desacuerdo con los procesos latinoamericanos.
-referenciar hacia los actores políticos de la izquierda y hacia los movimientos sociales europeos , los distintos procesos latinoamericanos, como una forma no solo de información, sino también , como una forma de mostrar ejemplos que ayuden a dinamizar los propios esfuerzos políticos locales.
Por todo lo anterior, necesitamos hoy asumir de que el trabajo de solidaridad política con Latinoamerica caminará durante el 2010, y probablemente más allá, por una serie de conflictos de distinto tipo. La inestabilidad estructural del actual proceso sin duda se incrementará generando varios estallidos que demandarán nuestra solidaridad como organización. También debemos tomar en cuenta de que este activismo al cual nos veremos sometidos, no debe impedirnos visualizar y traer a nuestra propia mesa las riquezas del debate que emergerá de todos estos procesos. De estas discusiones debiera nutrirse el movimiento de solidaridad y ser capaces de mostrar en nuestro territorio tanto los ejemplos de lucha y resistencia de los pueblos como los procesos de discusión sobre los que se sostienen dichos ejemplos.
Cristian Cepeda












